Últimamente mi autoestima no levanta el vuelo, y me siento tan débil por eso...
Casi me dan ganas de agradecerte que me dediques un tiempo, que me hagas sentirme especial.
Pero luego vuelves a tus cosas, y se me pasa.
Supongo que no estoy acostumbrado a la atención, y la poca que me prestas no me ha resultado suficiente. Pero aún así es genial. Y te quiero por ello. Te quiero por hacerme creer que no pierdo tiempo contigo.
Pero te odio también por eso, porque realmente lo pierdo.
Realmente creo que el problema es mío. Nunca tuve novia, ni nadie que me diese los buenos días a menudo. No intento dar pena, es solo la verdad. Aunque dé pena.
Supongo que es parte de la condición humana, eso de querer algo que nunca tuvimos. Y no, no hablo de novias, solo de algo parecido a eso. Solo sentir que para alguien soy tan útil como tú lo eres para mi.
Solo quiero alguien que me de las buenas noches, que me haga olvidar que el mundo se acaba, y que el tiempo pasa. Alguien con quien pasar las horas muertas
Alguien con quien refugiarte, que arregle tus malos días.
Pero supongo que eso no es fácil, y que cuando lo encuentre no lo sabré siquiera.
Es penoso, porque sé que algún día la encontraré, y me cansaré pronto. Es parte de esa estupidez humana antes mencionada. La estupidez de perseguir sueños imposible que, una vez conseguidos, dejan de ser sueños. La estupidez de amar lo inalcanzable y odiar la realidad.
El ser humano busca el sueño imposible de ser comprendido. Lo buscamos en cada acción en cada recoveco de alma vecina. Por ello cuando encontramos de algún modo a alguien que abraza nuestra esencia queremos que ese abrazo que parece existir solo en nuestra cabeza, trascienda y nos cambie de manera irrepetible, que no sólo nos marque el alma sino también la piel.
ResponderEliminarSubestimar el deseo es sobreestimar el poder de la monotonía, encontrar en el cambio la fuente de la necesidad de querer siempre un poquito, esa puede que sea la respuesta