Esta noche dormía solo, otra vez. La cama era más grande de lo que había pensado jamás, y nunca antes se había sentido tan solo junto a los demás.
La casa estaba helada, notaba su ausencia en la falta de calor. Cenizas de polvo volaban al son de una triste canción. El gramófono exhalaba las última notas que él iba a escuchar, hablaban de viejos amores de bar, de sueños perdidos en el fondo del vaso, de whisky seco, con hielo o con agua, da igual. Él ya no escuchaba más que el latido de su corazón, cada vez más lento y cansado de trabajar.
Se iba perdiendo en la noche, ya no oía las sirenas que tantas veces oyó pasar cerca de su hogar. Y llamaba hogar, aunque fuese increíble, a su pequeño estudio en medio de un barrio marginal, un barrio sencillo sin nada que guardar.
Era el hogar idóneo para esconderse y pensar, para ponerse a escribir y a expresar todo lo que en algún momento sentía en soledad. Pocas mujeres habían pasado jamás por allí. Él estaba orgulloso de vivir entre folios manchados de tinta y bocetos de historias sin acabar, pero el mundo veía en ello un reflejo de la locura.
Y quizá si estaba loco, pero era feliz.
Dejó entrar a una mujer una vez, la cual recogió los pedazos de papel que encontraba en el suelo, y los unió para formar una historia cuyos protagonistas eran ellos dos.
Apenas duró unas semanas, sus sentimientos ya solo eran de papel, y ella buscaba algo más allá de un simple escritor.
Se despidió sin decir adiós, él le dijo que le había dado todo lo que era, que sus poemas, sus historias de viejo loco, eran todo lo que podía ofrecer, y ella se fue sin dejarle terminar.
Se quedó tumbado, en medio de cientos de folios que tenían su nombre, que llenaban su mente y su casa del olor de la tinta que impregnó su corazón desde ese momento. Todo eran recuerdos de aquella mujer a la que tantas horas dedicó metido debajo del flexo, y a la que perdió por no comprender que el amor no es solo letra, si no que también, en una gran parte, se compone de carne. Fue duro decir adiós al amor, pero le quedaba aún un tintero por gastar, y se convenció de que, hasta que no se terminase, su historia no acabaría de contarse.
Y por eso ahí sigue, sin tocar ese bote con líquido negro, por miedo a que un día se acabe y su vida se frene por siempre, sin siquiera darse cuenta de que, poco a poco, la vida lo había ido ya abandonando.
Ahora en wordpress: vidasancheski.wordpress.com
También me desahogo en twitter: @delpi1
viernes, 27 de septiembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
Poco que decir
La locura es una enfermedad,
La locura es una forma de amar también,
y, por lo tanto, deducimos que
al fin y al cabo,
el amor es una especie de enfermedad.
El amor es contagioso,
se transmite a lo largo de tus venas y tu cuerpo,
te ciega y enmudece, te deja sordo,
y un poco tonto también.
La locura es una forma de amar también,
y, por lo tanto, deducimos que
al fin y al cabo,
el amor es una especie de enfermedad.
El amor es contagioso,
se transmite a lo largo de tus venas y tu cuerpo,
te ciega y enmudece, te deja sordo,
y un poco tonto también.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Tiempos para (ti)
Tiempos de cambio(?) Tiempos de pensar en mi, y en nadie mas. Bueno, quizás en ti también tenga tiempo de pensar, pero no se, no lo veo. Veo gestos, miradas, palabras que me incitan a seguir tu caminar, a seguirte al pasar. Pero algo en mi interior se enciende, una alerta fugaz y tenue que me advierte el peligro de seguir otra vez al loco corazón.
No sería la primera vez, ni tal vez la última, que me guiara por sus latidos, y no sería, ni mucho menos, la primera vez que me equivocase...
Es fácil: la razón siempre la pierdo cuando escucho al corazón, y me pasa demasiado a menudo.
Me dejo guiar por mis sentimientos, haciendo caso omiso y cegando mis sentidos, y así me va...
Me quedo mudo, ciego, sordo, dejo de sentir nada, excepto tu presencia, cuando te miro.
Cuando entras en la habitación todo se anula, menos mi visión de ti, y poco a poco me doy cuenta de que no hay vuelta atrás.
Los tiempos de cambio se olvidan ferozmente, y comienzo a dedicarme cada vez mas a ti, y cada vez más me alejo de mi.
Mi tiempo se acaba, y se convierte en el tuyo, y comienzo a tambalearme del miedo. Del miedo a sentir que, otra vez, se apodera de mi esta impotencia, este estupor, se apodera de mi el "amor".
sábado, 7 de septiembre de 2013
Sábado(?)
Este sábado tiene olor a domingo, a café,lluvia y a humedad. Huele a melancofábula, a escritos de medianoche en medio de la mañana. Y es que en días como éste me pasa que confundo las horas del día y de la noche, pues el sol se esconde y la luz apenas es un poco más clara que la del flexo de mi mesita. Sobre ella despliego todos los papeles y sentimientos que surgen en mi al mirar a través de la ventana y ver las calles mojadas y vacías, llenas de nadie, de silencio, de soledad.
Me invade un sentimiento que me obliga a escribir, como siempre que me da por pensar demasiado, por sentir en exceso que algo me ocurre.
Este sábado huele a domingo, y lo advierto en mi interior, que empieza a relajarse, a pensar, y a deprimirse en parte
viernes, 6 de septiembre de 2013
Seco, seco, seco
Estoy en sequía, ya no escribo como antes, y eso me asusta,ya que, quizá, signifique que estoy cambiando. Y los cambios siempre dan miedo, todo lo diferente es terrorífico.
Cuando no se como expresar lo que siento me despliego un papel, mientras otros lo lían, y me limito a escribir. Y cuando no se que escribir, me bloqueo, entro en shock.
Porque si no se que escribir no puedo saber ni lo que siento, ya que solo escribiendo aclaro mis sentimientos.
Y es ahí cuando empieza una espiral de miedo, temor a no tener ni idea de que quiero por culpa de los cambios ...
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