Me da miedo el silencio que hoy envuelve todo.
La casa vacía muestra mejor todos los huecos de mi alma, todas las cosas que me fallan, que me faltan.
Puedo recorrer cada rincón del pensamiento, y tropezar y reescribir las cicatrices que me hice. Y me da miedo.
Puedo escuchar mis sentimientos, que no dejan de gritar en mi cabeza. Han despertado, y vienen a acompañarme ahora que estoy solo.
Oigo los latidos de mi corazón, y el sonido del teclado, y solo así sé que no estoy muerto. Y que aún existo.
Puedo escucharme respirar, a duras penas, y puedo verme divagar sobre el papel. Puedo sentir el viento frío que entra por las ventanas, puedo ver el rojo del cielo que anuncia una noche inminente.
Me he sorprendido escuchando al silencio, y me he sorprendido de nuevo al recordar tu voz.
Aunque haga ya meses que no sé nada de ti, ahora me acuerdo.
Recuerdo que en algún momento los silencios eran menos tenebrosos, eran más bellos. Porque eran interrumpidos por tu risa, por tu respiración y tu voz.
Así estoy, reabriendo las heridas que quedaron cerradas, buscando unos recuerdos que yacían enterrados.
Hoy solo quedan los ecos de tu voz. Y ahora, con la casa vacía y callada, los puedo oír más fuertes que nunca.
Y es por eso que este silencio me da miedo, porque tú lo llenas sin estar aquí.
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