Me han pedido que suba aquí y pronuncie este discurso, pero
en realidad no sé qué decir. Es un poco
injusto que solo yo suba aquí arriba a decir lo que yo creo que todos debemos
pensar, porque quizás me deje cosas en el tintero y eso os puede molestar.
Además estoy seguro que más de uno está impaciente por subir y pronunciar otras
palabras.
Pero bueno, espero que lo que diga sea acorde a vuestro sentir.
Pero bueno, espero que lo que diga sea acorde a vuestro sentir.
Para empezar, querría
hacernos ver cómo ha pasado el tiempo. Hace solo unos años entrábamos por la puerta
de este colegio, y hoy salimos de aquí para quizás no volver más. Hoy es un día
tan especial, tan importante, que nunca nos hemos parado a pensar en ello.
Siempre hemos mirado hacia segundo de bachiller como un horizonte oscuro y
lejano. Veíamos en preescolar a los mayores ir de calle y subir TRES PISOS, algo que nos parecía increíble.
De pronto comenzamos a ascender, y nos colocamos en la segunda planta del edificio, subimos las
escaleras por primera vez… Pero mientras, ellos siguen hacia arriba, y lo vemos
como un logro inalcanzable. De repente allí estamos, compartiendo planta con
esos gigantes vestidos de calle. Pero claro, aún nos parecía lejano todo ese
mundo…
Pasa tercero, cuarto… y llegamos a primero. Sí, el año
pasado. Veíamos el fondo del pasillo cada vez más cerca, oíamos ya hablar de la
temida selectividad, de la semana de exámenes, y lo que parecía más importante…
ya íbamos de calle. Cada día que pasaba estábamos más cerca de segundo y más lejos del colegio, hasta hoy. Hoy es el
día que pensábamos que nunca llegaría. Al fin alcanzamos el final del pasillo,
después de subir tres plantas, todas
esas escaleras, y avanzar unos cuantos pasos, entrábamos en nuestro último año
de colegio.
Lo afrontábamos tranquilos, pensando que un año pasa lento.
No hacíamos caso a nuestros profesores, que tanto se empeñaban en que
estudiáramos porque nos esperaba un curso corto pero intenso. No, todo quedaba
lejos, ¿qué mentira no?
Hemos vivido un último año de colegio muy intenso, sin
darnos apenas cuenta de lo rápido que pasaba. No nos hemos parado a pensar, o
más bien no nos ha dado tiempo, que cada
momento de este duro curso sería el
último. El último primer día de clase, la última tutoría, el último recreo, la
última excursión (que fue ayer, por cierto)….
Me da miedo, y considero que a vosotros también, pensar en
lo rápido que ha pasado todo, cuando parece que fue ayer que mirábamos hacia
arriba, y ahora solo podemos mirar hacia abajo, hacia el pasado.
Miras hacia atrás y te acuerdas de todos los grandes
momentos que has vivido entre estas paredes, y solo te vienen a la mente buenos
recuerdos.
Miras a infantil y te ves disfrazado de pirata o de princesa
cada 7 de noviembre, día de Francisco Palau. Miras a primaria y recuerdas a tus
tutoras, que lo sabían todo y resolvían cualquier problema con las palabras
mágicas: por favor y gracias. Miras a la ESO y te recuerdas yendo a las
excursiones, luchando por ponerte en la última fila del autobús.
Y hoy te miras a ti
mismo, me miro, y veo que todo lo que soy se lo debo a este colegio. Mi vida
está en este colegio, y no me quiero separar de él. Hoy miro al futuro y
lo ves difuso, asusta pensar que estás
dejando atrás no solo tu colegio, sino tu segunda casa.
Y es que llevamos aquí muchos años viviendo experiencias que
para siempre quedarán marcadas. Aún nos queda un largo camino por recorrer,
pero sin duda lo que hemos hecho hasta aquí determinará ese camino.
Hoy se cierra un ciclo, ya no podemos volar más alto. Pasamos
de página y se acaba el libro de nuestra vida escolar, y tenemos que empezar
uno nuevo.
Esto nos asusta, da miedo tener que elegir entre tantas obras.
En nuestra inmensa biblioteca hay eternas opciones: Está ese libro enorme de Medicina, ese aburrido con tantas leyes, incluso está ese pequeñito y tentador que reza: Carpe Diem.
En nuestra inmensa biblioteca hay eternas opciones: Está ese libro enorme de Medicina, ese aburrido con tantas leyes, incluso está ese pequeñito y tentador que reza: Carpe Diem.
Hay infinitas opciones, tantas que te llegas a plantear si
realmente sabes qué quieres hacer en el futuro. Es un momento difícil el que
afrontamos, pero no hay que preocuparse, porque tenemos una guía genial:
nuestra esperanza, ella nos ayudará a
conseguir el sueño que todos llevamos dentro, nos impulsará a creer en nosotros
mismos.
Y hablo de los sueños porque creo que todos nosotros tenemos
uno. Una ilusión que nos ha empujado, y nos empuja, a lo largo de este curso.
Es ese sueño, esa ilusión, la que tenemos que Ir a buscar. Entre toda esa
inmensa biblioteca, tenemos que ir a por lo que más nos interese, sin preocuparnos
que el mundo se enfrente a nosotros y nos incite a cambiar.
Estamos en una época dura, en la que estas palabras sirven
de poco. Pero no hay que dejar de tener presente que lo que queremos marcará lo
que seremos. Si empeñamos nuestra vida en una empresa que nos disguste, nos
convertiremos en unos viejos cascarrabias, y posiblemente querremos romper los
sueños de los demás. Mientras que si tenemos en vuestro proyecto ese sueño que
nos da la esperanza, nos convertiremos en unos jóvenes esperanzados. Estaremos
dispuestos a sacrificar lo que sea por alcanzar esa meta que llevamos tanto
esperando, y, cuando lo consigamos, seremos las personas más felices del mundo.
Y lo más importante, nos dará igual lo que los demás digan, porque seremos nosotros
mismos.
Hoy es el día pensar en todo esto, de empezar a pensar en el
futuro, en el presente y en el pasado. Es un día de reír, llorar, y agradecer,
porque no hay que olvidar que todo lo que somos, el hecho de que estemos hoy
aquí, es gracias a las personas que nos acompañan esta noche.
Con nosotros están las hermanas, que nos han educado en la
fe y nos han enseñado que hay algo más allá del dinero, que la felicidad está
en perseguir tus metas. Nos han enseñado que, cuando todo está perdido, Dios
nos dará su fuerza para seguir adelante, y que Él siempre nos apoyará hagamos
lo que hagamos.
Tenemos con nosotros a los profesores, quienes nos han
ayudado a ascender hasta el último
escalón de nuestra vida escolar. Nos han enseñado todo lo que se puede enseñar
en el colegio, y gracias a ellos podremos pasar el examen para el que parece
que nos han estado enseñando toda nuestra vida: La prueba de acceso a la
universidad.
Y tenemos a nuestros padres, el vivo ejemplo del sacrificio.
Ellos han soportado nuestro humor en tiempo de exámenes, nuestra falta de
cariño cuando nos ofrecían ayuda, nuestros: déjame
en paz. Hay que tener en cuenta que ellos son los primeros que han sufrido
por llevarnos hasta aquí, y ellos son a los que más les duele vernos hoy
despidiéndonos del colegio.
Y es que sus niños se hacen mayores, se despiden del colegio al que hasta hace poco no querían ir por quedarse con ellos.
Y es que sus niños se hacen mayores, se despiden del colegio al que hasta hace poco no querían ir por quedarse con ellos.
Todas sus enseñanzas, sin embargo, van más allá de lo
académico. Cada una de esas personas que hoy nos acompañan nos han enseñado a ser
como somos, y lo más importante, a saber cómo queremos ser.
Nos han guiado en un camino duro, lleno de obstáculos que
saltar, y nos han quitado de en medio la mayor parte de ellos. Han hecho todo
lo que está en su mano para que hoy podamos estar aquí.
Y por eso sería absurdo no nombrarlos esta noche, no
agradecerles de corazón que nos hayan impulsado con sus manos y su corazón
hasta donde estamos hoy.
Es por eso que todo lo que hagamos a partir de ahora, todos
los sueños que tengamos que seguir para ser
felices, debemos agradecérselos a ellos. Hay que seguir adelante, sin
importar el qué dirán, ya que si nos rendimos estaremos echando por tierra
todas las esperanzas que ellos han puesto en nosotros.
Nos haremos fuertes cuando caigamos y nos levantemos solos,
pero nos haremos grandes cuando sepamos por quién estamos levantándonos. Tenemos que tener presentes a todos los que
estamos hoy aquí, porque hoy es nuestra noche, pero lo es gracias a ellos.
No querría despedirme sin haceros ver, sin hacerme ver a mi
mismo, que este curso, todos los alumnos que hoy se gradúan, no serán solo una
orla más del pasillo de Leonor. No, todos los que estamos aquí hemos ayudado en
algo a que este colegio sea más, y eso también nos lo deben. Tened en cuenta
que somos algo más que simples alumnos, y que en este colegio dejamos huella.
Hoy es nuestro día, no solo el mío, sino el de todos:
Hoy es nuestro día, no solo el mío, sino el de todos:
El día de los profesores, de los padres, del colegio y sobre
todo, de los alumnos.