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lunes, 28 de abril de 2014

Santiuve

Con un nudo en el estómago, 
otro en la garganta, 
no caben ya mariposas.
 Y el alcohol cae,
trago a trago,
y al no hallar tampoco su lugar 
sale por cada lagrimal, forzado

domingo, 27 de abril de 2014

Bah

Domingos medio dormidos, que se pasean sigilosos entre las manecillas de un reloj.
Hasta el tic tac se convierte en metáfora de la monotonía de este día. El olor de los periódicos, el café, el sentimiento de pena que me entra a estas horas. todo es uno, todo es Domingo.
El día se hace medio humano, medio raro. Se acuesta a mi lado, no pide permiso. Se arrastra hasta mi, me invita a escribir.
Ah... que cruel eres. Sabes que no puedo, que no sé hacer poesía. Que lo único que sale de mi son palabras, no es arte.
Tú lo sabes, sé que lo sabes. Pero no puedo evitarlo, y caigo, y escribo. Y te escribo de nuevo. Entro en este circulo vicioso que me hace enredarme de nuevo en tu pelo. Te recuerdo... Todo mi texto se vuelve hacia ti, de nuevo en el centro.
Y es que cuanto más intento olvidarte más viva te haces en mi. Cada domingo resuenas de nuevo en mi mente, como si este día fuese tu día.
Borradores llenos de palabras, llenos de tu nombre y tu rostro. Arrepentimiento y derrota cada vez que retrocedo, y borro lo escrito. Cada vez que me leo me doy cuenta de lo pobres que son mis palabras, en comparación con lo grandes que son mis pensamientos.
Pero me obligo a escribir. Igual alguien lo lee y le gusta... No, en verdad sé que no, no me gusto ni a mí. Pero me es igual, es lo que toca. Escribir, borrar, reescribir, y volver a borrar, hasta que algo parezca medio decente y me decida a publicarlo, por fin.

lunes, 21 de abril de 2014

Pequeña, mentirosa y hermosa

Me dijiste que todo volvería a ser como antes, que el tiempo todo lo cura.
Te fuiste dejando un mensaje: no eres tú, soy yo, ¡qué típico!
No me explicaste bien la ecuación, y no me convenció la solución.
Te esfumaste, y el rastro que dejaste en mi memoria aún hoy, años ha, me hace recordarte como si te tuviera enfrente.
Y es que no, el tiempo no curó mis heridas, no completó esa parte de mi que te llevaste aquella tarde.
Quizás necesite a alguien que la complete, pero nunca pensé que sería tan difícil.
 Me acostumbré a que el roce de tus labios con los míos cesase todo, todo el dolor que inundaba mi corazón. Puse en ti mis ganas de seguir, y cada vez que me rendí tú me animaste a seguir. Demasiada responsabilidad, demasiada dependencia, supongo.
Me tragué todo lo que me diste, bebí de tus labios como si una fuente fuesen. Te dejé hacer conmigo todo. Me creí tus palabras.
Pero me dijiste que el tiempo todo lo cura, y no es cierto, pequeña mentirosa. Lo único que me curaría sería verte de nuevo rodando sobre mi cama, encontrarme tu mirada bajo las sábanas...

domingo, 13 de abril de 2014

Te imagino tumbada en mi cama

La pasión desatada con la que tus besos arañaban mi corazón me despertaba cada mañana, antes de que sonase el despertador.
Los latidos de tu corazón, desnudo sobre mi pecho,marcaban el ritmo de las horas que pasábamos tumbados. Escribiendo miles de historias sobre el colchón, amor y guerra mezclados en la noche junto al alcohol y tu perfume.
Juntos formábamos una tormenta de ruidos secos, de gritos mudos, deseando despertar el mundo a voces. Tú me decías que me querías mientras te dormías, exhausta.
Yo te miraba incrédulo. Te abrazaba, buscando no perderte jamás, como evitando que te escapases.
Pero no supe tenerte, supongo. Se nos rompió el amor de tanto usarlo. Y ahora yo no tengo almohada ni despertador humano, mi único consuelo es tu perfume, que sigue aquí a pesar del tiempo.
Supongo que fueron demasiadas batallas las que se libraron en este colchón. Pasarán muchas cosas antes de que mi cama te olvide

miércoles, 9 de abril de 2014

Drogas duras

Últimamente casi que me obligo a escribir, para notar que aún no he perdido eso que algún día creí tener dentro: poesía.
Hago lo que siempre hice, dejar volar la imaginación, atarme un boli a la mano y dejarlo correr, manchar el papel con palabrería.
Supuse que eso era un truco de magia, un espejismo, que realmente era bueno escribiendo, que sabía componer letras para estas melodías que suenan en mi cabeza.
Pero era falso, porque hoy no lo encuentro, lo he perdido. No soy capaz de expresar con palabras lo que siento. Tengo los borradores llenos de pensamientos difusos, de palabras estúpidas que no dicen nada.
Siempre me gustó ser claro, no adornarme demasiado, pero al final lo conseguía.
Ya ni eso. Al menos cuando no tenía mada que decir podía escribir bonito y con eso me valía para saciar mi ego.
Pero ya no engaño a nadie, ya no me gusto, no soy un escritor. Y quizá nunca lo fui, y eso me duele más. No hay nada peor que haberme creido un Dios por crear "arte" a base de sentimientos, y ahora sentirme como un simple mancha folios que escribe en un blog. ¿Sentirme? No, miento. Saber lo que soy, darme cuenta que la poesía de verdad no está entre estas líneas. Que hay millones de personas mejores que yo, que no soy nadie. Debería abandonar, dejar de sentirme alguien por escribir cuatro rimas mal puestas, un par de parrafadas sensibleras.
Pero no puedo dejarlo, esto es como una droga. Sé que es malo, lo que escribo, pero me ayuda a curar mis heridas, o al menos las tapa. Digamos que es una gasa infectada de tinta barata. 

lunes, 7 de abril de 2014

Y a pesar del calor te quiero a mi lado

Cuando el destino nos alcance
Quizás entonces
Podremos jugar a ser uno
Mientras
Seguiremos siendo dos mitades
Separadas por el tiempo
Y completamente incompletas
Y perdidas

viernes, 4 de abril de 2014

Viajes cortos y letras malas

Porque de nada sirven los trayectos de autobús si no van acompañados de pensamientos.
A veces simplemente piensas en lo gris del cielo, en lo alto del sol. En lo que vas a comer, o la canción que estás escuchando.
Normalmente son cosas estúpidas, que no merecen ni siquiera un momento para escribirlas.
Pero otras veces te paras a pensar cosas que, siendo igual de estúpidas, te dan para intentar escribir algo decente.
Y escribo entre tambaleos del autobús, abstraigo la mente y te empiezo a ver.
Y entonces las palabras me salen solas, mi mano se desplaza sobre el teclado, como poseída por tu imagen.
Mi mente es la que más se alegra de verte, le gusta escribir, pero nunca la dejo.
Se queja cuando la tengo demasiado tranquila, o cuando no me aclaro las ideas, y la inspiración se queda aturrullada en mi cabeza.
Odia cuando de repente, y sin previo aviso, se me ocurre escribirte algo.
Y es que me vienen las ideas en los lugares y momentos menos oportunos, en mitad de la mañana, en clase, o en mitad de la noche, cuando intento dormir. O cuando voy andando o conduciendo, o,  como no, cuando viajo en autobús.