Lo malo es saber la respuesta a esta pregunta, y recitarla mientras manchas el blog en el que guardas las cosas que nunca pudiste decir.
Los folios blancos siempre tuvieron un olor especial, y me cuesta ensuciarlos cuando algo me viene a la mente.
Quizá por eso me gusta tan poco usar la pluma y el bolígrafo.
Teclear es más fácil, las palabras fluyen más rápido.
Pero es peligroso.
Cuanto más rápido escribo, menos pienso, y peor salen las palabras. Menos me gusto, más me avergüenzo de lo que he dicho, de lo que soy.
Porque escribir es desnudarse ante una musa, y las musas son damas especiales. No puedes precipitarte en tus movimientos, tienes que darles tiempo a observarte, tiempo a que entren dentro y te inspiren.
Ni siquiera sé, cuando leo de nuevo las líneas, cómo llegué a hilar todas esas letras, como conseguí transmitir algo a pesar de estar completamente negado ante la expresión ,estando mudo de musas, sin inspiración ni ganas de expresarme.
Pero todo lo que quiero guardar, eso que no quiero decirte, todos lo que da miedo escribir en el ordenador, aquello, está en mis notas. Allí encuentras las cosas que siempre quise decir, y que nunca me atreví a escribir.
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