Me dijiste que todo volvería a ser como antes, que el tiempo todo lo cura.
Te fuiste dejando un mensaje: no eres tú, soy yo, ¡qué típico!
No me explicaste bien la ecuación, y no me convenció la solución.
Te esfumaste, y el rastro que dejaste en mi memoria aún hoy, años ha, me hace recordarte como si te tuviera enfrente.
Y es que no, el tiempo no curó mis heridas, no completó esa parte de mi que te llevaste aquella tarde.
Quizás necesite a alguien que la complete, pero nunca pensé que sería tan difícil.
Me acostumbré a que el roce de tus labios con los míos cesase todo, todo el dolor que inundaba mi corazón. Puse en ti mis ganas de seguir, y cada vez que me rendí tú me animaste a seguir. Demasiada responsabilidad, demasiada dependencia, supongo.
Me tragué todo lo que me diste, bebí de tus labios como si una fuente fuesen. Te dejé hacer conmigo todo. Me creí tus palabras.
Pero me dijiste que el tiempo todo lo cura, y no es cierto, pequeña mentirosa. Lo único que me curaría sería verte de nuevo rodando sobre mi cama, encontrarme tu mirada bajo las sábanas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario