La tarde se ha puesto triste, la lluvia inunda la calle, pero la gente sale sin importar que truene o llueve. Yo, mientras tanto, sigo aquí encerrado entre mis letras, entre mis libros, y creyéndome poeta.
No dejo de pensar que quiero verte, no dejo de pensar que si te veo me derrumbo. La tarde es gris como tus ojos, tus ojos... Esconden una luz extraña que me atrae y me consume, como el fuego. Sí, tus ojos son el fuego que me evita tiritar, pero me acerco, y me olvido de pensar que estoy hecho de papel. Me acerco y quemo al mismo tiempo, siento tu contacto, y me debato entre el placer y el dolor, pero me atraes con tanta fuerza que no me importa que me mates.
Ahora entiendo que no sirve de nada regalarte mi poesía, porque te la entrego y se consume entre tu risa. Tú eres fuego, das calor y me agotas, me limitas a cenizas cuando te intento besar.
Eres tajante cuando me obligas a parar, y te alejas sin hablar durante los días de tormenta. Evitas el contacto con el agua de mi alma, no quieres que te moje y se apague tu pasión. Mas luego vuelves, cuando el sol brilla con fuerza y me das tanto calor, que te alejo de mi cuerpo por miedo a acabar en polvo.
Y ya no piensas regresar hasta que te invoque, y entre el frío del invierno te mire y te toque.
En las noches como ésta te quiero junto a mi, y te llamo con ternura para que me des calor. Y sí, me das tu compañía pero me quitas la vida, porque cuando yo te toco todo yo se desvanece.
Tú eres fuego, yo un papel que busca ser ceniza con tal de tocar tus llamas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario