Escuché una vez que esta era la hora de los sueños incompletos, la del los pensamientos melancólicos que vienen a visitarte. Vienen para verte, para oírte susurrar, quizás llorar, para que nunca estemos solos, siempre están ellos allí, para ayudarte a salir y poder sobrevivir. Pero a veces es mejor morir que convivir con los sueños que te duelen con solo pensar en ellos.
Y es que son pensamientos duros, muy tristes, y rotos. Sí, lo peor es que están rotos. A estas horas descubres que tus sueños están rotos, y que el trozo que les falta no se encuentra fácilmente Más bien es imposible que algún día se reparen, y por eso es mejor abandonarlos y buscar otros.
Una pena que el pequeño, por ínfimo que sea, resto de esperanza que se queda entre los pedazos vuelva una y otra vez a visitarte, en medio de la noche, a la hora de los sueños inccompletos
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