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jueves, 18 de julio de 2013

No sé

No sé qué decir (ni qué hacer) en realidad. Pensaba que quizá escribiendo se me pararía el corazón por un momento y dejaría de notarlo, ahí, latiendo, hirviendo. Cada latido es un segundo menos y un recuerdo de más en mi vida, en mi cabeza. Recuerdos que atormentan a un joven atormentado. Recuerdos que me llevan sin remedio a pensar en qué sucede, en qué me ocurre. No lo se, no puedo decirlo porque no me entiendo ni a mi mismo. 
Sigo esperando que alguien me entienda, que alguien me abrace y me diga: Yo estoy aquí, contigo. Pero no, no puedo ser tan egoísta, porque espero que los demás me digan lo que siento sin saberlo siquiera yo.
Y no es la primera vez que me planto ante este dilema, el dilema de pensar en alguien sin rostro, el dilema de mirar hacia un futuro nebuloso, el dilema de buscar solución a un problema indefinible...
Como digo, no sabía bien qué hacer, por eso pensé que escribiendo esto aclararía mis pensamientos, pero ni siquiera soy capaz de expresarlos.

sábado, 13 de julio de 2013

Forma de Aleacim

A veces me sorprendo a mi mismo haciendo el tonto a altas horas de la madrugada. Me veo a mi mismo recordando momentos pasados, momentos que añoro con volver a repetir, con volver a vivir. 
Estos momentos tienen una forma definida, la forma de una mujer. La veo cada vez que me da por mirar hacia atrás, por recordar.
La veo acompañada de otros hombres, la observo perdida entre las sábanas de personas que la supieron aprovechar.
En noches como esta me sorprendo aún recordando que fue lo que salió mal, que me llevo al final, a caer en el abismo.
Y no paro de pensarlo, no puedo evitarlo, porque, al fin y al cabo, desde ese momento mi vida se derrumba día sí, día también 

viernes, 12 de julio de 2013

Mi alma baila al ritmo de los colores

Dicen que los días nublados son los más tristes, los que más te hacen pensar, y bueno, eso es cierto en parte. En días en los que el cielo se cubre de nubes mi mente parece más dispuesta que nunca a crear sentimientos y acribillarme con pensamientos que no me agrada poseer. Pero ahí vienen, sin piedad, a visitarme a cada hora. El cielo se cubre de nubes, el día se vuelve gris, y mi ánimo se empapa de ello y decide simultanear mi estado de ánimo al color de la tarde.
Así, a lo largo del día mi pesar es gris, monótono y melancólico. Vienen a mi mente pensamientos tristes que solo empeoran mi estado de ánimo, y bajan unos grados más la temperatura de este corazón ya congelado. Dejo de latir por un momento para abandonar este mundo, y entregarme a mi mismo, solo a mi. Comienzo a mirarme con autocomplacencia y pena. Y ahí es cuando cambia todo.
 Aparece el color de la tarde, un crepúsculo de color rojo fuerte, furioso, que hace despertar mi alma. Me manda que escriba, la luz de la tarde la despierta del letargo que le producía el gris desánimo.
Y así, tras unas horas de llorar a solas, de encerrarse en sí misma, decide que llegó el momento de salir a flote. 
Pero no, la dejo ahí encerrada un rato más, y su rabia aumenta a ritmos insospechados. 
De pronto anochece, todo se vuelve oscuro, y mi alma empieza a agonizar. Empieza a quejarse, aunque con menos fuerza, y es entonces cuando decido que es hora de sacarla.
Así la plasmo, algo furiosa pero también algo somnolienta, el ritmo de la noche la confunde, aunque le reconforta que la saque a pasear junto a las sombras, junto a la  luna y las estrellas

Autobús, segundo párrafo

De nuevo despedidas de autobús. 
Me sorprendo a mi mismo frente al espejo, mirándome y viendo algo que no se definir bien qué es. Si rabia, frustración, algo de melancolía... Quizás sea todo eso,junto, lo que veo aparecer cada vez que el cristal forma el reflejo de mi cuerpo. Lo que veo es solo carne, pero miro más allá, veo mi alma llorar, gritar, intentar huir. Un revuelto de sentires que en mi pecho se acumulan, que se extienden al cerebro y me obligan a escribir. Yo, fiel a mi amada escritura, obedezco y lo plasmo en la pantalla, esperando que esa sensación, ese ahogo que siento cuando me miro, desaparezca de una vez y me ayude a abandonarme, aunque esto suponga abandonar también a la escritura; y bueno,  a eso puede que no sobreviva...

jueves, 11 de julio de 2013

Baile de luces

Te sientas a mi lado y yo me callo, incapaz de expresar lo que en mi pecho aparece cuanto te acercas a mi lado. Juntos, muy juntos, como si hubiésemos nacido para estar ahí. Te acercas, algo más, y me abrazas, me meces, y acoges mis vaivenes. Me ayudas a respirar, sacar mi cuerpo del agua y me siento renacer cuando me abrazas. Amanece, aunque el sol ya apenas aparece. Un pequeño rayo de luz se mece con las olas iluminando el mar de pensamientos que me surgen cuando de pronto te levantas y te alejas de mi vida.
Veo tu respiración, volutas de aire surgen de tu boca y bailan en el frío de la mañana... O de la noche, bueno, el frío de esa hora indefinida. Una hora en la que el sol , las estrellas y la luna se combinan en el cielo, para confundir a los pasajeros de esos impetuosos  minutos con un majestuoso baile de luces, el baile del sol que, poco a poco, desvanece con su luz a las estrellas...
Por última vez me miras, y me besas lentamente. Me dices que me quieres, yo afirmo que hemos ganado por habernos conocido. Aún así te vas, y lentamente te pierdes en el horizonte, avanzando hacia el mar, hundiendote más y más, hasta que tu figura se pierde entre tierra, sal y agua. 

lunes, 1 de julio de 2013

La ciudad que duerme en mi

Metido en el autobús y me pongo a pensar en todo lo pasado esta ultima semana. Un momento en el que empiezas a darte cuenta de todo lo que has dejado atrás. 
Vengo de la ciudad de la luz constante, la ciudad que nunca duerme. Una ciudad en la que las únicas estrellas que puedes ver parecen ser las luces de carteles luminosos que inundan la ciudad, y donde la gente vive aprisa, como si no tuviese tiempo. Una ciudad peculiar esta de Nueva York, sin duda. 
Nunca he sido muy de grandes ciudades, pues no me gusta vivir con miedo a desaprovechar el día, y tener que hacerlo todo rápido y deprisa . No obstante, tampoco me gusta nunca atarme a nada ni a nadie, y quizás por eso NY sea una oportunidad de vivir lejos de ataduras. Hacia días que no sentía como me desnudaban por dentro, como se me iban deshaciendo los nudos internos que mi relación con la ciudad que me vio nacer había forjado. Sin duda NY no es como Granada. Nueva York es grande, esbelta, inmensa, y tiene algo que la hace atractiva. Pero es como una mujer complicada y de la que no debes fiarte ni dejarte llevar, ya que en cualquier momento podrá abandonarte por otro.
Quizás sea eso lo que la hace especial, como a las mujeres, el hecho de que te impida atarte para siempre a un sitio, y echar nudos que te ahoguen continuamente el animo.

domingo, 23 de junio de 2013

San Juan

¿Que qué echaría yo al fuego en San Juan? ¿Se pueden echar recuerdos? ¿Sentimientos? ¿Corazones rotos? ¿No? Bueno, entonces creo que no me interesa. Lo que yo echaría al fuego sería todo eso, en forma de cartas. Tengo un cajón repleto de papeles que están deseando ser enviados, y que por cobardía siguen allí metidos, en forma de tinta perdida.
Echaría todas ellas al fuego, para evitar la tentacion de mandarlas, algun día... Por desgracia las hogueras de esta noche no aceptan más que el papel, no se llevan las palabras, solo la tinta se pierde. Sé que, por mucho que yo queme, las palabras seguirán dentro de mi, martilleando mi conciencia y pidiendo a gritos salir... Desde luego es una pena no poder echar todo aquello a la fogata, estoy seguro que más de uno querría. Pero bueno, sé que el fuego interno que tengo, el fuego que me consume el ánimo, quemará también las ganas de enviártelas...