Me sorprendo a mi mismo frente al espejo, mirándome y viendo algo que no se definir bien qué es. Si rabia, frustración, algo de melancolía... Quizás sea todo eso,junto, lo que veo aparecer cada vez que el cristal forma el reflejo de mi cuerpo. Lo que veo es solo carne, pero miro más allá, veo mi alma llorar, gritar, intentar huir. Un revuelto de sentires que en mi pecho se acumulan, que se extienden al cerebro y me obligan a escribir. Yo, fiel a mi amada escritura, obedezco y lo plasmo en la pantalla, esperando que esa sensación, ese ahogo que siento cuando me miro, desaparezca de una vez y me ayude a abandonarme, aunque esto suponga abandonar también a la escritura; y bueno, a eso puede que no sobreviva...
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