Recuerdo que una vez una chica, bastante guapa, por cierto, me dijo que era todo un poeta, que le encantaba cómo escribía.
Yo andaba, y ando, bastante colado por ella, y aquellas palabras fueron una bocanada de aire fresco para mis pulmones, un chute de adrenalina para mi ego.
Me empecé a creer que alguien realmente leía lo que escribía, y que era bueno.
Pero no. Me puse a leer lo que decía en mi blog, no eran más que tonterías sobre amor y depresiones. ¿A quién le interesa eso? Eso no es poesía, y ni siquiera es hermoso. Total,¿que hay de bello en ver a un idiota quejarse de lo mal que le va todo?
No hay nada, joder, nada.
Pero qué quieres que te diga, es así como sobrevivo al día a día. Escapo de la monotonía escribiendo, me sale solo.
De veras que siento no ser el poeta que desearía ser, pero ni siquiera lo intento.
Todo lo que digo sale, yo solo pongo el texto sobre la pantalla.
Y bueno, todo esto no ha venido a cuento de nada, llevaba mucho sin tener inspiración para escribir, sin hablar con mis lectores invisibles(e inexistentes) y sin desahogarme frente al folio. Y cuando las palabras por fin llegan a tu mente no las puedes dejar perderse, por muy absurdas que resulten.
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