Una esquizofrenia constante, que me hace plantearme una y otra vez que todo va mal, aunque vaya bien.
Una tristeza que me agota y termina por invadirme, termina por convencerme.
Convencerme de que todo lo que escribo debe ser triste y autocompasivo.
Esta locura me lleva a querer desaparecer, a quitarme de en medio por un tiempo. Me anima, mostrándome que en realidad a nadie le iba a molestar, que sobro.
Escucho al corazón, en busca de consejo, pero cada latido es mudo, sin alma.
Doy por hecho que se ha cansado de darme ideas estúpidas, esperanzas vacías, y me alegro por ello. Es genial.
Pero ahora no tengo quién me invite a soñar, quien me haga luchar. Ahora estamos solos yo y mi cerebro enfermo, cada vez más locos, cada vez más raros.
Estamos juntos en ésto, y a pesar de ello mi escritura sigue sin ser inteligente, sigue sonando a pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario