La pasividad que me tortura estos días no presagia nada bueno. El desánimo por la lectura, la falta de ganas en cada texto que escribo, el desencanto con mi yo interno.
El no saber a dónde ni cómo dirijo mi vida, no sentirme dueño de mi mismo, sino uno más.
Todo me asusta.
Y cada momento a solas es un momento de miedo. Porque cada vez que estoy solo los recuerdos llegan para hacerme compañía.
Y regresan aquellos que ya estaban enterrados, los rostros olvidados, los labios secos y cerrados.
Y se abren de nuevo paso hacia mi mente, y abren los caminos del recuerdo, y me apresa la tristeza.
Pronuncian palabras que ya casi tenía por perdidas, suenan a lengua muerta. Cada momento, cada aguja clavada en el corazón, vuelve.
Y duele de nuevo, más fuerte. Como si el tiempo que habían estado guardados les diese fuerzas renovadas.
Y se clavan, y matan mi ánimo, mi esperanza y mis ganas de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario