Y jugábamos a ese juego sin saber que nos hacíamos daño, que a cada paso que dábamos nos acercábamos a un abismo.
Y nos amábamos sin saberlo. O quizás sabiéndolo, pero sin importarnos.
Éramos tontos, y estábamos enamorados(aunque para el caso, era lo mismo).
Y no quisimos rendirnos, a pesar de que todo estaba en contra, de que nada nos aseguraba el triunfo. Era más fuerte el coraje que la suerte.
Pero el destino no atiende a razones. Y cuando nos golpeó, lo hizo sin cuidado.
No nos importaba el daño, no éramos conscientes del dolor, hasta que lo sufrimos.
Y entonces, ya destrozados, nos preguntamos si realmente toda aquella historia de amor no fue más que un suicidio, una tontería adolescente.
Y nos preguntamos si de verdad nos quisimos. Y allí nos perdimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario