No puedo ver más allá de mis ojos, del lagrimal empapado, y las líneas rojas.
Agua salada destiñe un poema, escrito a nombre de esa musa que aun sigue reclusa en mis sueños, que no sale de mis textos y vive en ellos.
Dire que es culpa mía.
Todas esas preguntas que no quise responder son muestra del silencio cobarde que invadió mi mente. Cada momento a solas, abrazado a la sombra. Cada día que pasé pensándote, imaginándote en otras camas, mordiendo otro pecho. En cada tortura gélida que me auto inflingí recordando tus besos.
En cada momento que, rodeado de personas que me querían, me sentí abandonado, por no encontrar en tus ojos ese mundo que eres para mi.
Por cada texto escrito a ciegas, sin pensar qué decir, sin saber bien cómo funcionaba el bolígrafo en mis dedos.
En cada uno tu celda añadía barrotes, tu encierro se hacía más obvio.
Por cada día de conciencia perdida entre los recuerdos de tu aroma, por cada momento a solas que dedique a dibujarte.
Por todo eso, y mucho más, diré que es culpa mía. Te pediré perdón por no dejarte en paz un solo minuto.
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