Constantemente trato de defenderme de esta arma mortífera, y para ello intento dejar la mente y el alma en blanco, dejar de recordar y de vivir en el pasado.
Sé que esto no me lleva a nada, pero tampoco puedo evitar hacerlo, y lo que es peor, cada vez me voy acostumbrando más a estancarme en el mundo interior de la memoria de lo antiguo. Cada día me hundo más en mi mismo, y cada vez me noto más distante del presente, y eso me asusta. Me asusta no valorar los momentos, que empiezan a ser solo recuerdos alegres que me entristecen en noches grises.
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