No paro de caer, una y otra vez, en tu recuerdo, en mirar tu rostro y revivirlo de nuevo.
Me hundo, y no salgo a flote. Voy cayendo sin remedio y me pierdo en la oscuridad y el miedo, en lo profundo de tus ojos. Esos ojos, esos que un día me miraron y me animaron a seguir viviendo, esos, hoy me hacen, y casi me obligan, a morir.
Es penoso, triste y patético que aún siga pensando en todo lo que fuimos, cuando tu ya dejaste de pensarlo, de vivirlo. Cuando apenas es humo ya todo aquello...
No hay comentarios:
Publicar un comentario