Se ha cansado ya de mi pesimismo, de mi pesadumbre. Está harta de verme escribir cuando estoy solo y de mal humor, como única solución a los problemas de alli fuera. Está aburrida y deprimida, porque solo la llamo cuando hace frío y tiemblo de miedo, para que me pueda arropar.
Y no le falta razón.
Quiza debería tirar mi cuaderno, y quemar mis letras. Cada día me refugio mas, y con mas frecuencia, entre éstas, y cada vez son más débiles y obtusas. Busco inspiración para labrar mi escudo de palabras, el muro de tinta que me separa de lo real, y que cada vez se debilita más, cuando mi musa me falla.
Ha decidido que quiere que afronte la vida, que salga ahí fuera y que deje de escribir. Quiere que me aclare, que resuelva mis dudas infinitas, y que por fin mi mente se despeje y la deje en paz.
Y quizá yo también lo quiera, y tengamos metas idénticas. Pero me falta valentía, nunca se me dio bien actuar.
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