Hola. Ha vuelto, aquí está, conmigo. Esa vieja y olvidada resignación, esa ramera que se acuesta a mi lado, me corroe por dentro y se me clava en el corazón. Esa que duele tanto... Pero de la que no me puedo separar. Joder , aquí está, y con ella mis ganas de decirle a todos que se callen. Que dejen de mirarme, de señalarme con dedo acusador mientras dice: "Mira, ese es el que dice lo que piensa". Vale sí, ¿y qué pasa?
Esos dedos que señalan sin importarle lo que rompen. Porque sí, hay algo más que piel y hueso debajo de esta sudadera, de esta sonrisa tímida que os mira desde abajo. Que os mira incrédulo y asqueado de lo que pueden llegar a decir de alguien que, simplemente, expresa lo que siente.
Y lo expreso porque si no exploto. Si no no estaría aquí, a las 2 de la mañana con la casa en calma escribiendo estas líneas. Debéis entender, si es que llegáis a leer esto, que no puedo soportar más aguantar lo que pienso, y por eso lo expreso. Que os guste o no es indiferente, lo que hago solo tiene un nombre: DESAHOGO
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