Miró sus fotos, las de ella, y se quedó pensando cómo tanta perfección podía caber enmarcada en una imagen. Era increíble las veces que había mirado aquella instantánea, aquellos ojos que lo observaban curiosos. Había ido desgastando la tinta, y ya apenas se veía bien el color de su iris, pero él vislumbraba con total claridad su mirada.
En ocasiones, no pocas, podía hasta recordar su olor, hasta su sabor, solo con ver esa imagen.
Se le venían a la cabeza recuerdos pasados, de noches de amor y pasión juntos bajo la luna, a la luz de las velas que se apagaban entre sus latidos...
Sí, no era la primera vez que veía esa foto, pero sería la última.
Hacía tiempo que se había dado cuenta de lo solo y dolido que se encontraba, pero solo esa noche se puso a pensar en el tiempo que hacía que se sentía de esa forma.
Era demasiado, demasiadas noches pasadas mirando atrás, observando esa cara preciosa que ya le había abandonado. Demasiadas horas mirando esa foto, que era todo lo que le quedaba de ella entonces.
Había buscado otros rostros, y otros cuerpos, pero no encontró en ellos la luz de sus ojos ni el calor de su pecho.
Así, tras años de espera, de búsqueda en vano, de vaciarse y ahogarse el alma entre desengaños, mentiras y alcohol , decidió vaciarse por completo.
Pensaba todo esto mientras la sangre caía por todo su baño, mientras la mano que sujetaba esa desgastada foto languidecía pálida ante el brotar de la vida. Una vida que se escapaba de sus venas, que salpicaba todo el cuarto, y que firmaba una nota en el suelo que rezaba: Vacío.
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