Este mes, esta etapa, es el reflejo de mi propio yo: una época de bruscos cambios, de sol y lluvia peleando para ver qué sorpresa nos darán y en qué momento les dará por aparecer.
Así estoy, medio loco sin saber qué quiero o qué odio, que espero de la vida y qué espera ella de mi.
Me siento y veo los arboles,desnudos, perder todo su abrigo en el otoño, los veo desprotegidos y algo tristes.
Observo cómo pasan sus hojas entre mis pies, cómo se escapan bailando al son del viento, con el ritmo lento y parsimonioso del paso del tiempo.
Pasan escribiendo una metáfora en mi alma, como hojas de un libro que debería estar escribiendo, pero que no me atrevo siquiera a titular.
Ese libro, que es mi vida, lleva tiempo apartado en un rincón de mi mente, esperando a que me digne a escribir nuevos capítulos.
Mientras, voy pasando sus páginas blancas entre mis dedos, las voy gastando y arrancando con una tenebrosa quietud. Me doy cuenta de que lo que hago no sirve para nada, pero me da igual, me limito a mirar
como una nueva página vacía huye de mi lado, y se pierde en el horizonte cogida de la mano del viento del otoño.
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