El domingo es monótono, es vago y gris. El domingo se asemeja tanto a mi que lo odio. Odio verme cada vez que cae la noche recordando todo lo que fue, maquinando lo que podría ser y no será. Es un día absurdo, en el que la mente juega malas pasadas y se dedica a divagar, a pensar cosas que no debería, y a darme esperanzas vanas y vacías.
En definitiva, es un poco traidor, me da las cosas sin darlas, me deja la miel en los labios, y escarcha en la mente. Me enlentece tanto que no puedo ni escribir bien, me limito a decir cosas sencillas. Son tan absurdas, tan secas, que sé que cuando las lea, volveré a pensar en lo que odio al domingo por hacerme escribirlas.
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