Ahora en wordpress: vidasancheski.wordpress.com
También me desahogo en twitter: @delpi1

jueves, 29 de diciembre de 2011

¿Tanto se me nota? Ya no quiero ver su cara siquiera,que brota de nuevo el deseo de besar su boca

Pajas mentales a pares, horas en bares locales,
holgazán de hogar, sin ver amistades,
avisté icebergs en mares, letales ante mis naves,
aves vuelan más allá de la orilla y tempestades traen su ira
a mi vida algo dolida,
quizá me pida a mi mismo tirar la toalla,
pero se me olvida que no se olvidar sin alcohol en sangre,
la felicidad se me ha quedado grande.
Nadie me conoce tanto ni más que mi propio llanto,
cuando ya han tomado el pelo tanto se dan con un canto,
me amamanto de pensar que me están escuchando,
¿cuándo tengo permiso para ser feliz? yo solo soy feliz si canto,
hoy solo quedan sobras de la pantomima de su encanto,
acabé pidiendo perdón por amar tanto,
por amor tonto,
ella quiere que me calle, pero es pronto, y me levanto.
Será que no pongo esmero y queda por suelo mi vago ego,
no pego en su predominante fuego y en llamas quedo,
sin miedo, pero sin nada de nada en su juego,
¿quiero y no puedo? que va, quiero y no quiere y se va y muero.




Y parece que se me cae el cielo, cuando palabras por si solas no justifican miradas hielo, humana y mía lucha, ya solo se mirar con miedo, hablo solo por que soy el que mejor me escucha, te doy permiso a discrepar de mis maneras,
Pero creo que eres tú que no te enteras, yo amo con locura.
No soy poeta, soy un poema, me enamoré de una trenza y una coleta, no había nada más.
Quemé su foto, pero la imagen no se va, y a veces huelo su presencia en otra, y el corazón se encoje y late pero no se agota.
Solo propaga llorar por nada en especial a solas,
Que ya esta bien de jugar con la gente sin consentimiento, la vida es sufrir, y me paso la vida sufriendo, no se que tengo dentro pero lo saco, no se que saco fuera que me quedo en nada, ¿tanto se me nota? ya no quiero ver su cara siquiera, que brota de nuevo el deseo de besar su boca.
A menos aminore no llegaré a mi hora, a menos que me llore no haré caso ya,
A menos que me quede a mitad seguiré llamándote, y amándote.
A menos aminore no llegaré a mi hora, a menos que me llore no haré caso ya, a menos que me quede a mitad seguiré llamándote a gritos de sinceridad...
Sale cara la imaginación ¿no crees? si no vas a dejar que palpe tu alma no me sirves, ¿quién aprecia lo que cuando a tu lado me senté sentí? que si... que sigo siendo Santi sin tí aunque me lo quites, dudo que lo necesites tanto, pero bueno, pienso positivo, o será que pienso menos… pagué por tu veneno, y ahora lo que temo es que sea muy tarde para decir que no, me quemo con la llama de tu indiferencia, me colma, luego con miradas compasivas me sobornas, te daría mi corazón en bandeja, pero perdona, yo de vez en cuando soy persona.
Soy hombre de pocas palabras, no busco histéricas calientapollas que van de camaradas, y eso que soy facilón, pero me pongo vacilón cuando me paras por la calle a darme dos besos por compromiso, y eso que no te veo casi, soy sumiso a malas.

lunes, 19 de diciembre de 2011

No hay quizás

Sólo queda rendirse. Dejar atrás toda esperanza. Abandonar los pensamientos y centrarse en olvidar todo lo que ya ha pasado, hasta lo que puedo ser bueno.
Nada quiero ya de eso. Pero será difícil abandonarlo como si nada, no creo que sea sencillo dejar esto que siento a un lado, ocupa demasiado...

domingo, 11 de diciembre de 2011

Te deslizas como si fueras de viento y al contacto con mis dedos te desvanecieras

Quiero hacerte sentir única. Que cada segundo que pases conmigo sea mágico. Quiero que recuerdes cada momento juntos.
No quiero que estés conmigo, sólo quiero hacerte sentir especial por un momento. Que olvides tu preocupación y seas feliz, aunque no sientas lo mismo que yo, eso no importa. El único sentimiento que quiero que tengas es el de ser feliz. Seamos felices juntos, lejos de la complicación de estar enamorados. Nada de eso, como ya dije, solo un sentimiento, el mejor: la felicidad.
Quiero que cada momento que pasemos sea inolvidable. Para ya mi lo son, pero quiero que para ti empiecen a serlo también....

viernes, 9 de diciembre de 2011

Tal vez ¿te conseguiste equilibrar? Yo aún no.

No se.. sinceramente a veces uno piensa demasiado y se da cuenta de cosas que nunca pensó...
Y es que a veces uno se cansa de ser como es, de vivir en esta constante monotonía. De salir de un problema, y meterse de lleno en otro. De olvidarse de alguien imposible, y conocer a cualquiera aún más inaccesible...
Y uno lucha, se esfuerza e intenta conseguir aquello que anhela con todas sus fuerzas, dejándoselas por el camino, haciendo un esfuerzo casi sobrehumano...
Pero, cuando nada funciona, uno se pregunta: ¿por qué?. No tiene sentido... el esfuerzo debería recompensarse, o no merecerá la pena realizarlo... Y ,a veces ocurre, que uno está tan agotado, que se pone a pensar y descubre lo estúpido que es todo, el sinsentido que alcanzan algunas cosas en el mundo...

jueves, 8 de diciembre de 2011

No me importa conocerte desde lejos, a través de un cristal empañado

¿A qué no sabes donde he vuelto hoy? 
Sí, donde fuimos uno solo... Donde solíamos desahogarnos. Meses antes de este ahora sideral...
Y el tiempo pasa, continúa, se escapa a mi control, pero no cambia nada.... Todo sigue profundamente grabado en mis pensamientos. Por desgracia son demasiadas cosas las que han pasado desde entonces, y son todas tan buenas que es difícil que se puedan perder...
 


Hasta aquí llegó el ritual de enfados y canibalismo estúpido. Son demasiadas horas en vela
y nada que decir.

Descansamos nuestra espalda en las persianas bien cerradas, tú y yo anémicos y a cada parpadeo calmado intentamos dormir.
Terapias mal llevadas sin nadie que mediara por dos histéricos, mis gritos envasados al vacío
reventaron al fin.

Y ahora congelo cada instante sabiendo de antemano que son los últimos...Ya no hay ganas de seguir el show, ni de continuar fingiendo, sólo quiero ser espectador.
Me pregunto quién pensó el guión, debe estar bastante enfermo.


Y al subir al taxi mis palabras son vapor de cristal y me dejo el alma cuando escribo en la ventana: "que sea cierto el jamás".
¡Oh, cállate!
Y ahora relájate, ella lo lleva bien, está aliviada, ¿ves?, todo ha acabado bien.
Putas ganas de seguir el show ni de continuar mintiendo y en un travelling algo veloz sale un "fin" en negro.
Me pregunto quién pensó el guión, debe estar bastante enfermo.
Y a medias del viaje, callo a gritos que no quieras bajar.
Y pierdo la conciencia
cuando escucho como dices: "que sea cierto el jamás".
¡Oh, muérete!

¿Por qué es todo tan difícil?

Crear es difícil, tan difícil que cuando has creado algo que vale la pena, posiblemente te pases todo el resto de tu vida intentando volver ha hacerlo, te dejaras la piel, el hígado y alguna que otra vena y posiblemente no lo conseguirás.
Todo en este mundo se consigue por esfuerzo, dicen.
Pero no todo, existen pequeñas cosas, muy escasas, que requieren de suerte.
Algunas de esas cosas son nimiedades y estupideces. No merecen la pena.
Pero otras, una mayoría dentro del pequeño mundo del azar, son tan importantes que, si uno no tiene ese "toque" necesario, no servirá de nada el esfuerzo...
Pero también es cierto que a veces, pocas, la suerte nos sonríe, y conseguimos aquello que deseamos.
Yo no me considero un chico con demasiada suerte. Es cierto que la vida, en ocasiones, no me ha ofrecido lo que he pedido, pero no espero más de ella. Prefiero sorprenderme, y no decepcionarme por esperar demasiado.
Es por eso que,simplemente, me acostumbré a esperar a que la suerte acudiera a visitarme.
Y no, no hablo de la suerte de esos tipos con gran fama y riqueza, de los que tiran dados en casinos de Las Vegas, no, yo hablo de una suerte más importante. La suerte que hace que conozca a gente que cambie mi vida, la suerte de poder estar enamorado de ella, y que ella sienta lo mismo. La suerte que vale la pena tener, pero que no siempre me acompaña...
Y es que, ciertamente, muchas veces la suerte no se digna a aparecer, y es entonces cuando, sin remedio, los pensamientos acuden para sustituirla e invadirme...


lunes, 5 de diciembre de 2011

¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!